La innovación en el ámbito educativo y del quehacer diario no es un concepto nuevo. Podemos ver una evolución del concepto de ‘innovación’ (o ‘renovación’) motivado por la propia evolución de la sociedad. Innovar es cambiar lo establecido, pero no todo cambio conlleva una mejora. Innovar no es tanto inventar nuevas cosas, sino más bien aprovechar todo lo que hay a nuestro alcance, adaptándolo según nuestras necesidades.
En el ámbito educativo la pedagogía ha cambiado al ritmo que han cambiado las ideas, tomando estudios y formulaciones tanto teóricas como prácticas, desde Piaget a Vigotski, Ausubel, Decroly, Montessori, Freinet... o la importancia de la pedagogía teórica que emana de nuestras universidades. No existe el modelo ideal de enseñanza, ni una forma mejor o peor que otra, sino que cada situación es diferente y es la observación de nuestra realidad concreta la que nos llevará a utilizar unas técnicas u otras, combinar varias metodologías, una organización diferente del aula, la revisión de los contenidos, la manera de trabajar...
Por otra parte como ya sabemos constantemente todas las personas vivimos y nos quejamos del ritmo acelerado de los cambios. Solemos lamentarnos también de la incertidumbre que suele acompañarnos. En realidad los cambios son a menudos perfectamente previsibles. Aunque hay muchas maneras de hacer frente y de adaptarse a los cambios imprevistos, la gente prefiere la estabilidad; algo previsible. Se dice a menudo que "lo único constante es el cambio", sin embargo esta afirmación es falsa. Y lo es no porque otras cosas también sean constantes, si no porque el cambio no es constante.
El cambio ocurre todo el tiempo, pero no es lineal. Su ritmo, trayectoria, dirección e impulso no pueden ser considerados constantes. La naturaleza o esencia es variable, volátil e indeterminada. El cambio es siempre único y singular, irreversible e irrepetible, confuso y difuso, ambiguo y paradójico.
Si por esencia entendemos "lo permanente", lo que no cambia, estaríamos habilitados a afirmar que el cambio no tiene esencia. Sólo si entendemos por esencia lo que hace que algo sea ese algo y no otra cosa, por lo tanto, que la esencia del cambio que vivimos es justamente la de cambiar.
Para comenzar a comprender acerca de la necesidad y seriedad, casi excluyente, de impulsar los cambios y transformaciones acorde a los nuevos tiempos, es preciso hacerlo ordenadamente desde el principio, lo cual significa conocer en forma sintética la frecuencia del cambio actual y futuro y la dinámica del proceso de cambio, delineando sus consecuencias, efectos y comportamientos.
El cambio ocurre todo el tiempo, pero no es lineal. Su ritmo, trayectoria, dirección e impulso no pueden ser considerados constantes. La naturaleza o esencia es variable, volátil e indeterminada. El cambio es siempre único y singular, irreversible e irrepetible, confuso y difuso, ambiguo y paradójico.
Si por esencia entendemos "lo permanente", lo que no cambia, estaríamos habilitados a afirmar que el cambio no tiene esencia. Sólo si entendemos por esencia lo que hace que algo sea ese algo y no otra cosa, por lo tanto, que la esencia del cambio que vivimos es justamente la de cambiar.
Para comenzar a comprender acerca de la necesidad y seriedad, casi excluyente, de impulsar los cambios y transformaciones acorde a los nuevos tiempos, es preciso hacerlo ordenadamente desde el principio, lo cual significa conocer en forma sintética la frecuencia del cambio actual y futuro y la dinámica del proceso de cambio, delineando sus consecuencias, efectos y comportamientos.