Definidas de una manera amplia, las estrategias de aprendizaje son conductas o pensamientos que facilitan el aprendizaje. Estas estrategias van desde las simples habilidades de estudio, como el subrayado de la idea principal, hasta los procesos de pensamiento complejo como el usar las analogías para relacionar el conocimiento previo con la nueva información (Weistein, Ridley, Dahl y Weber, 1988-1989).
Las estrategias constituyen formas con las que el sujeto cuenta para controlar los procesos de aprendizaje. Según Dansereau (1985), de la técnica empleada depende el tipo de aprendizaje que se produzca: memorístico o significativo. Sin embargo, ambos tipos representan un continuo, de acuerdo con la teoría de Ausubel, en la cual la memorización o repetición se incorpora en las primeras fases del aprendizaje significativo. Cualquiera que sea el tipo de aprendizaje que finalmente se produzca, las estrategias ayudan al estudiante a adquirir el conocimiento con mayor facilidad, a retenerlo y recuperarlo en el momento necesario, lo cual ayuda a mejorar el rendimiento escolar.
Existen diferentes clasificaciones de las estrategias, una de ellas es la que proponen Weinstein y Mayer (1985). Para estos investigadores, las estrategias cognoscitivas de aprendizaje se pueden clasificar en ocho categorías generales: seis de ellas dependen de la complejidad de la tarea, además de las estrategias metacognoscitivas y las denominadas estrategias afectivas.
- 1. Estrategias de ensayo para tareas básicas de aprendizaje.
- 2. Estrategias de ensayo para tareas complejas de aprendizaje.
- 3. Estrategias de elaboración para tareas básicas de aprendizaje.
- 4. Estrategias de elaboración para tareas complejas de aprendizaje.
- 5. Estrategias organizacionales para tareas básicas de aprendizaje.
- 6. Estrategias organizacionales para tareas complejas de aprendizaje
- 7. Estrategias de monitoreo de comprensión.
- 8. Estrategias afectivas.
En la actualidad se insiste en un nuevo rol del docente (Carison, J y Thorpe, C: 1990: Mager, Robert F: 1988) sugiriéndose, en ese sentido, la responsabilidad de actuar como mediador entre el educando y la compleja red informativa que sobre él confluye: tales sugerencias en realidad se apoyan en la teoría de la comunicación, que junto con la Teoría de Sistemas y las Teorías Cognoscitivitas del Aprendizaje, constituye uno de los pilares fundamentales de la nueva concepción de la tecnología educativa (Castillejo, J 1986).
Desde la perspectiva humanista, el docente debe considerar que la comunicación en el aula debe tener carácter clínico o didáctico en el sentido de que el docente tiene que reconocer que su misión es la de optimizar el desarrollo de los aprendizajes, aplicando estrategias y métodos de rigurosidad científica y actuando de una manera profundamente objetiva. Este reconocimiento elimina los convencionalismos de docentes prepotentes y agresivos que generan stress en los estudiantes y promueve la conscientización de que la comunicación es un acto en el cual tanto el docente como el estudiante se encuentran entre sí como lo que son, seres humanos en un proceso de aprendizaje.
Dentro del perfil y desempeño docente en la sala de clases encontramos variados tipos de educación “Weber”:
El docente autoritario, quien se caracteriza por ser un guardián celoso de la autoridad y la disciplina, aplica reglamentos y castiga sin dar lugar a explicaciones. Es especialista en dar recetas, indica conductas, señala lo que es y lo que debe ser, tiende a desconfiar de las capacidades de sus alumnos(as) por lo que impide su participación, considera sus propias necesidades, ideas y valores antes de que las de sus alumnos(as); además ejerce control mediante la ironía, la humillación o ridiculizando frente al grupo curso, actúa como jefe(a) distribuyendo trabajo y exigiendo obediencia.
Una descripción lapidaria tal vez, pero aun perdura en las aulas venezolanas y que se contrapone a cualquier propuesta o estudio acerca del aprendizaje con afecto. Un docente autoritario promueve en los niños la violencia, el rencor, baja autoestima y autovaloración; el desarrollo de este niño(a) será difícil ya que la huella quedará marcada para siempre, considerando que el niño tomará este modelo como una forma natural de profesor a adulto, la personalidad del docente, en niños pequeños afecta positiva o negativamente su desarrollo personal, y que a través del tiempo se va reflejando en la conducta diaria, tanto en la escuela, como fuera de ella.
Un docente democrático por ejemplo permite y estimula la participación de sus alumnos(as) para analizar y buscar solución a los problemas, crea un clima de confianza para que las opiniones de todos(as) sean valoradas en su justa medida, aclara los malos entendidos, suprime los obstáculos y contribuye al desarrollo de la discusión proponiendo problemas para discutir en lugar de solucionar. Además le preocupa que sus alumnos(as) se acepten y respeten mutuamente. Actúa como facilitador (a) permitiendo el desarrollo de las características individuales de cada uno(a) de sus alumnos.
Por otro lado, también existe el docente sobreprotector, aquel que apela a argumentos de tipo sentimental para garantizar la adhesión de sus alumnos(as). Es amable y entretenido(a), promueve el diálogo y la discusión, pero él decide cuáles son las respuestas correctas; a menudo evita discordias, se reciente si sus alumnos(as) como seres inmaduros y faltos de recursos. Los mantiene en estado de hibernación, no les da oportunidad de decidir, de arriesgarse, de ser ellos(as) mismos(as), actúa como protector(a) a la vez que hace valer su condición de experto(a).
También existe un docente inconsistente; en ocasiones es rechazador(a), otras hipercrítico y en otras demasiado cariñoso(a). No maneja una pauta de conducta que regula la totalidad de sus actos. Sus reacciones se basan más en sentimientos personales que en la realidad de los hechos, su estado de ánimo prima sobre la actitud reflexiva acerca de lo que sus alumnos(as) necesitan. Es poco constante en los hechos, no siempre cumple sus compromisos, actúa como “improvisador, reacciona siempre en forma impulsiva.
Docentes autosuficientes, se relacionan con sus alumnos(as) desde un pedestal donde está, porque considera que lo sabe todo, demuestra escaso interés por las ideas, inquietudes y preocupaciones de sus alumnos(as). Se siente dueño de la verdad, admite que sus alumnos puedan reclamar o pedir explicaciones, es incapaz de reconocer sus errores o equivocaciones delante de lo alumnos(as), hace notar su experiencia y conocimientos, trata a los demás en forma despectiva. Actúa como experto(a), no acepta consejos ni sugerencias de nadie.
Y por último existe el docente permisivo; procura intervenir lo menos posible, deja hacer a sus alumnos, no toma decisiones ni orienta, con el pretexto de lograr algo bueno en ellos, en ocasiones opina que la mejor manera de conducir a los alumnos(as) es no controlarlos en absoluto; actúa como “bueno”, pretendiendo complacer y dar la razón a todos sin desgastarse con nadie.
Desde la perspectiva humanista, el docente debe considerar que la comunicación en el aula debe tener carácter clínico o didáctico en el sentido de que el docente tiene que reconocer que su misión es la de optimizar el desarrollo de los aprendizajes, aplicando estrategias y métodos de rigurosidad científica y actuando de una manera profundamente objetiva. Este reconocimiento elimina los convencionalismos de docentes prepotentes y agresivos que generan stress en los estudiantes y promueve la conscientización de que la comunicación es un acto en el cual tanto el docente como el estudiante se encuentran entre sí como lo que son, seres humanos en un proceso de aprendizaje.
Dentro del perfil y desempeño docente en la sala de clases encontramos variados tipos de educación “Weber”:
El docente autoritario, quien se caracteriza por ser un guardián celoso de la autoridad y la disciplina, aplica reglamentos y castiga sin dar lugar a explicaciones. Es especialista en dar recetas, indica conductas, señala lo que es y lo que debe ser, tiende a desconfiar de las capacidades de sus alumnos(as) por lo que impide su participación, considera sus propias necesidades, ideas y valores antes de que las de sus alumnos(as); además ejerce control mediante la ironía, la humillación o ridiculizando frente al grupo curso, actúa como jefe(a) distribuyendo trabajo y exigiendo obediencia.
Una descripción lapidaria tal vez, pero aun perdura en las aulas venezolanas y que se contrapone a cualquier propuesta o estudio acerca del aprendizaje con afecto. Un docente autoritario promueve en los niños la violencia, el rencor, baja autoestima y autovaloración; el desarrollo de este niño(a) será difícil ya que la huella quedará marcada para siempre, considerando que el niño tomará este modelo como una forma natural de profesor a adulto, la personalidad del docente, en niños pequeños afecta positiva o negativamente su desarrollo personal, y que a través del tiempo se va reflejando en la conducta diaria, tanto en la escuela, como fuera de ella.
Un docente democrático por ejemplo permite y estimula la participación de sus alumnos(as) para analizar y buscar solución a los problemas, crea un clima de confianza para que las opiniones de todos(as) sean valoradas en su justa medida, aclara los malos entendidos, suprime los obstáculos y contribuye al desarrollo de la discusión proponiendo problemas para discutir en lugar de solucionar. Además le preocupa que sus alumnos(as) se acepten y respeten mutuamente. Actúa como facilitador (a) permitiendo el desarrollo de las características individuales de cada uno(a) de sus alumnos.
Por otro lado, también existe el docente sobreprotector, aquel que apela a argumentos de tipo sentimental para garantizar la adhesión de sus alumnos(as). Es amable y entretenido(a), promueve el diálogo y la discusión, pero él decide cuáles son las respuestas correctas; a menudo evita discordias, se reciente si sus alumnos(as) como seres inmaduros y faltos de recursos. Los mantiene en estado de hibernación, no les da oportunidad de decidir, de arriesgarse, de ser ellos(as) mismos(as), actúa como protector(a) a la vez que hace valer su condición de experto(a).
También existe un docente inconsistente; en ocasiones es rechazador(a), otras hipercrítico y en otras demasiado cariñoso(a). No maneja una pauta de conducta que regula la totalidad de sus actos. Sus reacciones se basan más en sentimientos personales que en la realidad de los hechos, su estado de ánimo prima sobre la actitud reflexiva acerca de lo que sus alumnos(as) necesitan. Es poco constante en los hechos, no siempre cumple sus compromisos, actúa como “improvisador, reacciona siempre en forma impulsiva.
Docentes autosuficientes, se relacionan con sus alumnos(as) desde un pedestal donde está, porque considera que lo sabe todo, demuestra escaso interés por las ideas, inquietudes y preocupaciones de sus alumnos(as). Se siente dueño de la verdad, admite que sus alumnos puedan reclamar o pedir explicaciones, es incapaz de reconocer sus errores o equivocaciones delante de lo alumnos(as), hace notar su experiencia y conocimientos, trata a los demás en forma despectiva. Actúa como experto(a), no acepta consejos ni sugerencias de nadie.
Y por último existe el docente permisivo; procura intervenir lo menos posible, deja hacer a sus alumnos, no toma decisiones ni orienta, con el pretexto de lograr algo bueno en ellos, en ocasiones opina que la mejor manera de conducir a los alumnos(as) es no controlarlos en absoluto; actúa como “bueno”, pretendiendo complacer y dar la razón a todos sin desgastarse con nadie.